Charles Darwin

Es muy relativo aceptar como un hecho consumado que Charles Darwin demostrara que la gran diversidad de la vida sobre la tierra no es el resultado de un diseño divino, sino el resultado de la interacción de fuerzas naturales.

El mismísimo Darwin preveía algo más que fuerzas naturales en la formación de la vida humana; «Parece absurdo de todo punto —lo confieso espontáneamente— suponer que el ojo, con todas sus inimitables disposiciones para acomodar el foco a diferentes distancias, para admitir cantidad variable de luz y para la corrección de las aberraciones esférica y cromática, pudo haberse formado por selección natural». (Fuente: El origen de las especies, capítulo VI: «Órganos de perfección y complicación extremas»).

En efecto, no se trata de refutar que el hombre descienda del mono, es difícil pensar que no haya sido así, sin embargo, existe un punto de inflexión en el que el mono deja de ser mono para convertirse en ser humano.

Esa transformación fundamental, no puede abandonarse al transcurso del tiempo y de la interacción de fuerzas naturales por sí mismas. Tuvo que haber habido un Ser Superior en ese salto misterioso del homo erectus al homo sapiens, el salto de ese homínido extinto que vivió entre 1.9 millones de años y 117,000 años antes del presente y un mamífero vertebrado del orden de los primates con capacidad para razonar, hablar y fabricar objetos que le son útiles, un ser que sabe que sabe, con conciencia de sí mismo, de su entorno y con libre albedrio.

No podemos descartar el soplo divino indispensable en este cambio fundamental, y dejar al azar un resultado de tal envergadura. Este parteaguas en el que el mono deja de ser mono para convertirse en un señor con nombre y apellido no pudo ser producto de una mera casualidad. Sería ingenuo pensar que el azar, el tiempo y las fuerzas

naturales hayan otorgado al ser humano por sí mismas tan alto privilegio. La conciencia no es producto de la interacción de fuerzas naturales por sí mismas, la conciencia humana es precisamente la frontera del espíritu y la que nos distingue de todas las otras especies sobre la faz de la tierra.

A partir de este punto de inflexión podemos decir que el ser humano no es sólo materia, que hay en él una parte metafísica que lo constituye. En mi opinión esto nos lleva a pensar final y gozosamente, que efectivamente hay un Dios creador, un Ser Supremo que le otorgó al ser humano tal dignidad y por lo tanto un nuevo destino. Que no somos sólo materia y nosotros mismos damos testimonio de este atributo.

Que hemos sido creados para mucho más.

Domenico Cieri – 19 Agosto 2023

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